PROYECTO DE HUÍDA DE LA VIDA DIARIA

30 abril, 2017

Un silencio cómplice lo acompaña

en esa soledad tan sola y cierta

contemplando allá lejos la montaña

de superficie pedregosa y yerta

 

Vuela el pensamiento arrobado

por tanta belleza, asombrado,

pensando absolutamente en nada

mientras imagina abrazar a su amada.

Mas de golpe siéntese transportado

a un mundo ideal y muy lejano

en el que se conservan los recuerdos,

aún los más locos y los más cuerdos,

los más buenos y los más malos

todos muy bien amalgamados.

Y con esa ensalada de la memoria

vuelve a la vida cotidiana

a esa vida que lo agobia

con su rutina más que obvia

EL VIEJO SOÑADOR

30 abril, 2017

Tenía los ojos de su memoria

llenos de imágenes vividas,

aunque siempre guardaba en su conciencia

cuan difícil resulta rescatar

recuerdos perdidos en la niebla del tiempo;

como había olvidado el modo de pensar el futuro

una y otra vez retrocedía

hacia sus almanaques perdidos,

para recuperar antiguas vivencias

adornándolas con bellas nuevas ideas

ya que la cruda verdad suele ser

mala para el alma fantasiosa.

Sólo soñando, aquel hombre justo,

podía sentirse redimido del futuro.

 

 

LA NIÑA Y EL GNOMO

30 abril, 2017

Iba la niña descalza por el sendero

ansiando llegar al lugar secreto

donde diariamente se encontraba

con su amigo de luenga barba

Allí, en lo profundo del bosque

en el absoluto silencio vespertino

hincada rezaba el conjuro

que lo atraería prestamente.

Era Ugarph, el gnomo sorprendente

que en sus noches de insomnio

solía acompañarla con cuentos

secretos de sus vidas ya vividas

¡Cuántas historias de luna,

cuántos almanaques de nácar,

aventuras y hechizos de mar!

¡Cuánta imaginación sin límites

de pronto echada a volar!

Pues, aunque nadie le creyera

era ésa su cotidiana realidad.

Ugarph, contento con la visita,

cada vez prometía a la niña

consultar sus libros sagrados

para que iluminara su sonrisa

con hermosos nuevos relatos

LA BUROCRACIA Y SUS CONSECUENCIAS

15 abril, 2017

Odio la burocracia. Odio más aún a los burócratas. ¿Porqué digo esto?. Bueno, a lo largo de mi vida profesional, me ha tocado, como a todos, supongo, enfrentar obras maestras de la tiranía de los burócratas. Las mutuales están plagadas de tiranuelos de barrio, que se deben sentir importantes obligando a los médicos a hacer lo que ellos quieren.

Enormes formularios inútiles, papeles que plantean exigencias absurdas, demandan tiempo y requieren datos que nunca nadie leerá ni servirán para nada. ¿Quien no ha tenido aunque sea un poquito de bronca cuando llega un paciente al consultorio solicitando llene uno un papelucho de éstos que exige la mutual, o el empleador, o la ART? Parece que alguien anónimo, uno de esos buro-tiranos a quien se le encomendó la confección del original de estos papeles, dibujó un montón de casilleros y luego se preguntó qué datos podría exigir para completar el llenado de los mismos, así, al azar, sin criterio ni finalidad determinados ¡Ahhhjjjj!

Muchas veces obtengo pequeñas venganzas (por lo menos sueño que lo son) empleando vocabulario farragoso, o términos en latín incomprensibles para el lego. Pero nunca, juro, nunca, nadie me pidió que aclarara qué significaba lo escrito, lo que viene a confirmar que nadie lee lo requerido.

Un caso especial, son los recetarios para medicamentos de algunas Obras Sociales. Cuando uno receta cualquier medicamento (de los que están en el propio Vademécum de esa mutual, por supuesto, aunque a veces figuran allí pero ahora no se lo reconoce), se deben completar en el encabezado de la receta una serie de datos, alguno de los cuales, en mi humilde opinión, no le interesan a nadie. Ni al auditor, ni al farmacéutico, ni a la telefonista.

Una vez, hace ya bastante tiempo, había terminado de atender una señora con una inflamación en el dorso de un pie, y me disponía a recetarle un antiinflamatorio.

Le pedí el recetario de su Obra social y comencé, con cierto dejo irónico propio de quien está haciendo una broma sutil (tonto de mí, creía ser gracioso), a solicitarle los datos que debía cumplimentar:

  • ¿Apellido y nombres, señora?
  • María Silvia Pèrez de Gómez
  • ¿Número de afiliada?
  • 56704
  • ¿Edad?
  • 42 años, doctor.
  • ¿Número de carga familiar?
  • 01
  • ¿Sexo?
  • …. (silencio y gesto de molestia evidente) ¡Y…, lo normal, de vez en cuando! ¿Porqué me lo pregunta?
    (¡AAAYYYY!, tragame tierra!!!)

PATAGONIA ES…

15 abril, 2017

 

Patagonia es selva fría, montañas, nieve y lagos azules

Es desierto, es valles frutales, es ríos caudalosos, arroyos incesantes

Es mar transparente, playas, acantilados orgullosos, restingas misteriosas

Ballenas, lobos marinos,  merluzas, pingüinos y pulperos

Es historia, es abandono, es leyendas y mil misterios

Tierra de pioneros, pistoleros, anarquistas y emprendedores

Es guanaco, ciervo, puma, mara, cóndor, choique y avutarda

Es roca, arenales, jarillas, alpatacos, araucarias y neneos,

Es ventifactos, cañadones ásperos, salinas y volcanes mágicos,

Cordillera, cavernas, glaciares, lagos helados, sierras gastadas

Es el lugar donde reposan dinosaurios y árboles hechos piedra

Es sacrificio, es frío, es mucho viento, es lejanías impensadas

Es cielo estrellado, aire puro, aguas prístinas, soles bravos

Horizontes nítidos, bardas, mesetas y eras geológicas expuestas a la vista

Tierra de nadie, tierra de indios, tierra de aventureros que se animen

Lugar de gigantes, de mitos, de ciudades imaginarias nunca halladas

Es donde hay pueblos que no existen pero figuran en el mapa

Destino de buscadores de oro fracasados, de mineros sepultados,

De ovejas y de grandes estancias, de puesteros tozudos ocupantes de parcelas fiscales

Es tierra de razas extinguidas masacradas, o infectadas, o desplazadas

Territorio víctima de invasiones a veces exitosas y otras fracasadas

Es petróleo, gas, electricidad, sudor, sufrimientos y futuros inciertos

Es región de provincias diseñadas por el lápiz de burócratas

Es estar lejos de todo, pero cerca del cielo

Patria mía, Patria de mis hijos, Patria bravía, Patria desafío.

¡Patagonia amada!

OTOÑO

22 marzo, 2017

Miro por mi ventana …

Afuera, un colchón de hojas amarillas

se extiende bajo los fresnos

algunas, tesoneras,

persisten verdes en su rama.

Más allá, un Liquidámbar

muestra su orgullosa corona rojiza.

Hace frío allá afuera,

el otoño ha comenzado …

Por mi mente, asentada en un cuerpo

que comienza a estar viejo,

pasan algunos recuerdos:

horas gozada de sexo furioso

que ya no puede ser,

amores olvidados,

estudiantinas, compañerismos.

el nacimiento de los hijos,

(que ya han comenzado a irse)

amigos, melancolías y alegrías,

éxitos y fracasos …

Te contemplo, en la paz cimentada en el amor,

y siento no haber vivido en vano.

pero sin embargo,

hace frío allí afuera,

y también aquí adentro,

en mi alma.

Cipolletti, marzo de 1994

 

 

SE VA EL VERDE

22 marzo, 2017

Amo los remolinos de hojas, que muriendo vivan la vida.

Susurros de viento que se convierte en espirales, animando los grises propios de la estación con fantasías inacabadas.

Vorágine de colores transitorios, que se fugan demasiado pronto hacia el recuerdo, dejándote con ganas de más.

Mañanas de rocío. Noches frescas después del oprobio veraniego.

Juntar hongos en el pinar después de la lluvia.

Volver a sentir, después de mucho tiempo, el aroma mas amable del Universo: el de la tierra mojada.

Despedirse de las flores hasta la próxima primavera. Gracias por haber estado.

Amarte bajo las sábanas, pues así es necesario.

Preparar el paraguas y quizá el impermeable.

Cosechar las últimas manzanas. Y los membrillos. Plantar ajos y coles.

Juntar piñas para el centro de mesa.

Sentir e imaginar poesías de amor desde atrás de una ventana, junto al primer fuego encendido.

Quizá gozar la primera nieve.

Amo el aroma de la primera leña que se quema.

Y el espiral de humo que sale por la chimenea, que me espera cada tarde.

Y al que he esperado ansioso desde hace meses.

Amo la dulce melancolía que me acompaña.

Siempre, desde siempre; desde muy niño, tuve una relación espiritual muy íntima, una conexión cósmica como una cuerda tendida entre el otoño y lo mas hondo de mi sentir. En él nací.

¡Amo el otoño!

abril de 1995

 

 

 

 

 

PARA IR VIENDO

22 marzo, 2017

Algún día tendré fuerzas para hablarte sobre mí.
Algún día podrás mirarme y podrás leer los renglones de mi vida.

Algún día te miraré a los ojos y tú me mirarás, sin armaduras, sin absurdas caretas…
Algún día querré ser yo, y querré que tú estés a mi lado.
Algún día soñaré mi vida, algún día viviré mi sueño.
Algún día necesitaré que me abraces, algún día necesitaré abrazarte.
Algún día cuando nada tenga sentido, te miraré y todo volverá a tenerlo.

Algún día lloraré por ser como soy conmigo.
Algún día sabrás todo lo que no te cuento, algún día lloraré todo lo que yo siento.
Algún día podré reír sin tristeza, llorar con alegría, o simplemente reír, o simplemente llorar…

Algún día siempre estará por llegar… si digo algún día, es por falta de valentía

Porque algún día es hoy o es nunca

Algún día es una entelequia que huye hacia el futuro

Cuando pienso en “algún día” es porque pienso en nunca, aunque nunca lo reconocería.

Pero sin embargo, ese algún día ha llegado: ¡Hoy comienzo una nueva vida!

CAMINAR EL DESIERTO

15 marzo, 2017

Amo vagar por el desierto

cuando el viento anda suelto

por entre los jarillares

agitando tibios arenales

 

Amo sentir como castiga

el sol durante todo el día

y mirar extasiado el cielo

en noches de cosmos nuevo

 

Amo los aromas llevados

por los aires movilizados

del tomillo y la jarilla

hierbas muy amigas mías

 

Amo los cielos despejados

vistos en la barda sentado

sintiendo el silencio absoluto

y a Natura rendir tributo

 

Amo respirar bien hondo,

sentirme parte del cosmos,

gozar tanta Patagonia

mi tierra tan exótica.

EL OJO DE JUAN

11 febrero, 2017

Esa noche, Juan Hipólito Aravena salió del boliche “Salvaje” en Uacacó,  bastante pasado de copas, como era habitual en él y sus amigos cada viernes y sobre todo los sábados, aprovechando que por lo general los domingos no había que andar arreando ovejas de un cuadro a otro. Y si había que hacerlo, el bueno de su caballo Tincho casi sabía hacerlo solo, con él montado como podía, sujetándose a la silla con las dos manos y refunfuñándole al equino alguna cosa que al parecer entendía.

A pesar de sus excesos etílicos, su cuerpo sabía llevarlo al atajo que tomaba cada semana a través de la chacra del viejo Leandro Reynoso, para lo cual debía pasar por un alambrado, deslizando el cuerpo entre el tercero y cuarto hilos, y a continuación atravesar la esquina del campo del inglés John Targett, que, ese sí, era más bravo, ya que los gringos ponían siete hilos en sus alambrados, con por lo menos dos con púas. Este trayecto implicaba pasar dos alambrados del inglés, cosa que se complicaba sobre todo cuando su estado de conciencia era casi crepuscular, en el límite de lo que lo separaba de quedar tirado al sereno toda la noche.

Pues bien, como venía contando, cruzó el primer alambrado con púas sin mayores problemas, salvo un arañazo en la verija, que lo hizo tambalear un poco cuando retomó la marcha, llegando a contrapié al segundo cercado. Al pasar por encima de uno de los alambres empuados, sintió un fuerte raspón en el rostro, sobre el ojo derecho. Pero siguió caminando como pudo, enjugándose la sangre que manaba de la herida con el pañuelo de cuello que siempre llevaba puesto.

Llegó a su rancho y semiinconsciente por culpa de las varias ginebras empinadas, se durmió.

Cual no sería su sorpresa al día siguiente, al levantarse y contemplar azorado las cosas que lo rodeaban: sólo veía la mitad izquierda de la silla que tenía junto a la cama, la mitad izquierda de la puerta de su rancho,  media mesa,  medio mate y media pava. Miró por la ventana y vio la mitad izquierda del carro que estaba ahí afuera. Se tapó el ojo izquierdo y no veía nada. Hizo lo mismo con el derecho y se repetían las imágenes, o, mejor dicho, la mitad de las imágenes de todo lo que miraba. Incluso se miró los pies, y parecía tener sólo el izquierdo. Y con las manos lo mismo.

Volvió a acostarse, creyendo que le duraba la borrachera, y se durmió. Pero cuando volvió a despertarse, todo seguía igual. Solamente veía la mitad izquierda del mundo. Se miró en el espejo que tenía para afeitarse y advirtió que sólo podía ver la mitad izquierda de su rostro, que palpó para cerciorarse de que lo tenía, y comprobó que sí, allí estaba. Pero se horrorizó al intentar tocar el ojo y encontrar nada más que un hueco.

Se le ocurrió entonces, en su desesperación, recorrer el camino andado en la noche. Montó a Tincho y fue recorriendo el camino, con dificultad, porque de todo veía la mitad. Ahí, clavado en una púa del alambrado, encontró su ojo. Lo extrajo con cuidado y lo metió en su bolsillo izquierdo.

Desde allí se dirigió, preocupado, al rancho de doña Adela, la curandera-bruja del caserío de Uacacó. La encontró pelando una gallina en la galería delante de su casa, donde tenía un medio tambor de agua sobre el fuego, para aflojar las plumas.

__ ¡Buenas y santas, doña Adela!

Ella levantó apenas la vista con un aire de indiferencia, mientras seguía arrancando plumas.

__ ¿Que andás buscando, Juan?

__ Es que hi tenío una desgracia.

__ ¿Que ti ha pasao?

__ Míreme la cara. ¿No nota algo raro?__ le espetó con angustia

__ ¡Maula! ¿Quien ti hecho eso?

__ Yo solito nomás, por andar medio macháu de noche oscura cruzando alambrados. Acá le traigo al faltante.__ Metió la mano en el bolsillo, y con cuidado le mostró el ojo a Adela, que lo tomó con dos dedos y lo enjuagó en el agua donde estaba desplumando la gallina, lo sopló y secó en su delantal.

__ Bue, ahora estoy ocupada. Pero venite mañana a la mañana. Me ponés el ojo en un frasco con sal muera en lugar fresco, y lo traés mañana antes del alba. Voy a preparar un menjunje cicatrizante. Te voy a cobrar una oveja y seis sapos por la tarea. Y tomá, con estos yuyos te hacés una jarra de té, y te vas a tomar un vaso cada dos horas toda la noche.

Metió el ojo en el bolsillo nuevamente y montó al Tincho, que parecía tener nada más que dos patas, por el lado izquierdo, que era el único que le veía.

Volvió a su tapera, donde vivía solo, y cumplió minuciosamente con las indicaciones de la machi.

A la mañana siguiente, se tomó un par de amargos, y se fue con Tincho para lo de Adela, llevando la oveja atada con un cordel y los sapos en una bolsa de lona. Ésta lo esperaba con un fueguito encendido en un brasero. Lo hizo pasar y le ordenó sentarse en un banquito frente al brasero, sobre el que había puesto un fierro con la punta aguzada. Sacó el ojo del frasco, lo secó en su delantal, y lo colocó frente a la cuenca vacía de Juan, para tratar de orientarlo como debiera estar. Satisfecha, lo volvió a poner en el frasco.

Seguidamente, con el índice y el pulgar de la mano izquierda, separó los párpados del ojo faltante, e inspeccionó la cavidad. Con su mano izquierda tomó el hierro del brasero y en una hábil maniobra, con la mano derecha que Juan no veía, introdujo la punta caliente en la órbita. Un dolor inmenso lo obligó a gritar, aullando como un lobo en noche de luna llena.

Adela no le hizo caso, mientras con habilidad le tapaba el ojo con una venda por la cual había frotado el lomo de uno de los sapos, y que le dijo debería no tocar por tres días, al cabo de los cuales podría retirarla.

__ ¿Cuando me la saque podré ver?

__ Si, por supuesto. Pero la condición es que no toque ni oses retirar el vendaje hasta pasados los tres días. Masticá estos yuyos cuando tengas dolor.

Pero en la noche del segundo día Juan tuvo una pesadilla, se movió mucho durante el sueño, y cuando despertó, el vendaje ya no cubría su ojo.

Cuando intentó mirarse en el espejo, todo seguía igual: solamente pudo ver la mitad del espejo y de su cara.

Desde entonces, hasta su muerte de vejez ocurrida hace 13 años, siguió siempre pudiendo ver nada más que la mitad izquierda del mundo que lo rodeaba. No todo el mundo le creía, pero hasta su último día siguió contando lo que veía y añorando ver su cara en el espejo, o su mano derecha, que permanecía oculta en la mitad oculta de su mundo.

Por eso se lo recuerda con el apodo de “Mediomundo”.