KALLIPYGOS*

6 diciembre, 2017

Estaba esa tarde el poeta sumergido en profundos soliloquios acerca de la asombrosa kallipygia de su vecina, cuando de pronto asomose a su casi cotidiana irrealidad el regaño de su esposa que requería su colaboración para abrir un frasco.

Era frecuente por aquellos tiempos que sus elucubraciones fueran interrumpidas por quien poco tiempo después pasaría a ser su ex esposa. Ella parecía tener un sexto sentido para detectar esos fútiles pensamientos eróticos con los que entretenía sus ocios. Ya estaba acostumbrado.

Sin embargo, esa vez algo le molestó especialmente. Quizá fuera el innegable hecho de que las nalgas de la vecina eran realmente magníficas. Probablemente fuera el perentorio tono de voz con que le exigió colaborar en la apertura de un frasco de conservas cuya tapa estaba decidida a no dejarse abrir por cualquiera, salvo por él mismo. Igual que, fantaseaba, ocurriría con su tentadora vecina.

Mientras forcejeaba con la tapa del envase de vidrio, entre resoplo y resoplo continuaban desfilando por su magín recuerdos de la última vez que la vio alejarse con su andar panterino. Lo obsesionaban la cadencia de su marcha, la perfecta redondez adivinada bajo la ropa, su suavidad vaticinada. Nada que pudiera contrastar con lo que tenía en casa.

Acérrimo creyente de que la perdurabilidad de una pareja debe sustentarse por la fantasía entre las principales virtudes, comenzó por esos días a cuestionarse su permanencia junto a su mujer, cuyas posaderas ajadas y celosamente ocultas a su mirada, no lograban ensalzar su erotismo hasta límites aceptables a su dignidad.

Así fue como la causa de su divorcio fue el pandero de la vecina, de quien ignoraba todo, hasta su nombre, menos la voluptuosidad de su pygos. No era que se hubiera enamorado de otra mujer, sino que se tornó consciente de que estaba perdiendo su capacidad de tener fantasías eróticas, de las que tanto gozaba en sus ensueños macho-varoniles.

Aceptó – y hasta promovió- el divorcio pensando en su futura libertad para soñar.

Pero todo fue en vano. Hubo de mudarse, y ya nunca más volvió a ver a su vecina alejarse por la vereda soleada de otoño.

 

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*: del griego “kalli”, bello y “pygos”, culo

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EL TESORO DE LA PEÑA DE HAICHOL

30 noviembre, 2017

Cuando uno viaja hacia Chile por el paso de Pino Hachado, poco antes de llegar a la frontera, sobre el lado derecho de la ruta, está la estancia “Haichol” propiedad de la familia Cayol, antiguos pobladores de la zona.

Lleva su nombre por la peña Haichol, accidente geográfico extraño, casi cilíndrico, que se eleva en medio de un vallecito. Calculo, si la memoria no me engaña, que debe tener unos 20 o 30 metros de diámetro por unos 80 de altura, siendo su extremo superior prácticamente horizontal, con leves irregularidades. Sus paredes son casi totalmente verticales, y muy pocas personas han logrado escalar hasta su cima.

Cuentan los paisanos de la zona que si uno logra llegar a ella empleando técnicas de montañismo, se encuentra con una hendidura profunda, vertical, que parece haber sido rellenada con grandes piedras traídas de otro lado, ya que son de un material geológico diferente al de la roca que forma dicha cavidad.

Dicen las leyendas regionales que cuando el cacique Purrón fue vencido en un  combate con tropas nacionales que se desarrolló en las proximidades de la mentada peña, huyó hacia Chile por un paso desconocido entre los pehuenes, uno de los cuales fue hachado por las tropas que lo perseguían para poder reconocer el paso, de allí su nombre que aún conserva: paso de Pino Hachado.

Cuentan también los paisanos de la zona que la gente de Purrón dejó enterrado en la hendidura de la peña un importante tesoro, que cubrieron con las piedras que hoy rellenan –todavía- la grieta en cuestión.

Parece ser que varios aventureros, enterados de la leyenda, en varias oportunidades han tratado de llegar al fondo de la grieta para rescatar el presunto tesoro. Por lo menos cuatro de ellos han organizado expediciones bien planificadas

El primero de ellos, en noviembre de 1922, fue el famoso bon vivant porteño, aficionado a la arqueología y al dinero fácil, Leopoldo Santamarina. En compañía de otros dos truhanes de su misma calaña, pidió permiso a los Cayol para iniciar una investigación. Cuando fue autorizado, contrato mediante que preveía el reparto de lo que eventualmente se encontrase de valor, ascendieron al peñón y comenzaron a sacar piedras y depósitos de tierra arenosa por los vientos. Trabajaron durante 21 días, hasta que frustrados y ya sin fondos dejaron la tarea para más adelante, prometiendo que volverían, pero nunca más se les vio el pelo por Haichol.

Pasaron varios años hasta que una joven parejita de arqueólogos del Museo de La Plata, Felipe Guiñazú y Gabriela Erausque, es sus vacaciones del mes de febrero de 1939, decidieron ir al rescate del tesoro. Habían estado en Haichol el verano anterior, y enterados del tema, que era aún bastante comentado en la comarca, habían tomado la decisión de pasar su franco estival investigando la posibilidad de tener éxito. Se presentaron el 1º de febrero en la estancia provistos de equipamiento variado que les permitiera entrar en la hendidura y sacar las grandes piedras que la ocupaban. Escaleras de soga, un aparejo portátil con sogas y un malacate y diversas herramientas fueron izados hasta la cumbre. Pasaron 5 días de grandes esfuerzos, con la ayuda de dos paisanos contratados, para subir todo el equipo, de manera que recién al 6º día de andar por allí arriba pudieron comenzar su trabajo, una vez que hubieron despedido a sus peones, en un intento de que nadie viera lo que pensaban encontrar. Durante los siete días siguientes lograron subir con el trípode instalado sobre la grieta, con roldanas y un malacate, tres piedras moderadamente grandes y varias más pequeñas. Pero todo el esfuerzo fue inútil. Las piedras parecían reproducirse, prácticamente no se notaba ningún avance hacia la profundidad,,, y el tiempo se acababa, debían volver a su trabajo en el museo. Quedaban piedras mucho más grandes, que requerirían aparatos más fuertes y más esfuerzo humano para progresar. Desilusionados, abandonaron la tarea dejando allí el malacate y el trípode, con la esperanza de volver a utilizarlos en tareas menores que las que faltaba acometer.

A su retorno a La Plata, buscaron apoyo económico y de las autoridades del Museo para emprender una nueva campaña. Entrevistaron industriales que pudieran aportar maquinaria más pesada y todo lo necesario para izarla hasta la cima, mecenas que aportaran para los gastos, apoyo científico, y apoyo humano con mano de obra que se entusiasmara con la idea. Del museo obtuvieron un tibio apoyo científico en forma de una beca que otorgaría algunos pocos pesos y más días de licencia para la expedición, que incluyó a tres nuevos jóvenes arqueólogos, dos ya profesionales y una joven estudiante. La firma Metalplat S.R.L. ofreció un guinche que podía ser amurado en el borde del peñasco en un lugar que permitiría izar máquinas y herramientas más pesadas que por una simple escala de sogas como la primera vez. Un minero retirado se ofreció a fragmentar piedras grandes dinamitándolas.

Pero la 2ª guerra mundial obligó a postergar la expedición. Recién en 1947 lograron continuar con sus propósitos. Claro que a esta altura hubo que rearmar el grupo. El explosivista jubilado había fallecido, de los dos jóvenes arqueólogos una se había casado y tenía niños que atender y el otro había emigrado. Solamente el estudiante, que ahora era un investigador senior quedaba. Pero se unieron otros interesados en participar y felizmente se pudo completar el equipo humano.

Comenzaron a trabajar donde habían abandonado años antes. Todo estaba intacto, salvo una capa de arena voladiza. Juan Sábato, el nuevo experto en explosivos, logró fragmentar tres grandes rocas, que con el nuevo aparejo se hizo relativamente fácil sacar fuera de la grieta los pedazos, que fueron arrojados hacia abajo.

Pero pocos días después sucedió una tragedia: aparentemente las explosiones habían agrietado las paredes de la hendidura, y hubo un derrumbe de rocas sobre los dos que estaban trabajando abajo. Emilio Cohen falleció instantáneamente, con su cráneo aplastado. Elpidio Gómez sólo sufrió una fractura en su pierna izquierda.  Fue una jornada terrible y muy angustiante por la difícil tarea de descender los accidentados y evacuarlos hasta Las Lajas.

Cundió el desánimo y la expedición fue definitivamente abandonada. Allí quedaron los aparejos como mudos testigos de lo ocurrido.

Recién en 1975 un grupo de cuatro personas se aproximó a Haichol. Recibieron de Tito Cayol (que residía en la estancia en esa época con su esposa) el permiso para intentar una vez más averiguar si la leyenda era cierta.

Pusieron a punto la maquinaria que había quedado, subieron nuevas herramientas, y pusieron manos a la obra en noviembre de ese año. Pero por poco tiempo. Habían calculado mal los gastos que tendrían y el tiempo que insumiría la extracción del pedrerío, que parecía no acabarse nunca. Una semana después se retiraron derrotados.

Desde entonces, el tesoro del cacique Purrón –si es que existe- sonríe desde el fondo de la Peña de Haichol, esperando que algún nuevo entusiasta quiera arriesgar su dinero, su salud y sus días en la empresa.

¿Alguien de los que lee esto se anima? La leyenda sigue vigente y es muy posible que tenga verosimilitud. Así lo afirman investigadores que han estudiado los sucesos de la época de la Conquista del Desierto.

PASEANDO PERRITOS (Un cuentito neologizado)

29 noviembre, 2017

Era una mañana feboplénica, brillosa y acefírica. Daban ganísimas de salir a pasear. Le puse el collar al Bobby y salimos a andarvagando por el campo. Él, como acostumbra, iba curiosihusmeando hasta el último yuyito, hasta que encontraba un aromagustable. Ahí, sobre esa pobre gramínea distraída, evacuó su vejiga con cara de complicicultura, con esa mirada que me dirige cuando se sabe comprendido.

Cumplida la fisiológica misión, seguimos garabateando el destino por entre ortigas, cardos y matas, caricionados por Febo esplendente, en esa mañana primaverante. Así seguimos largo rato andando casi sin rumbo fijo, hasta llegar al bosque de abedules, donde un ambiente frescoso nos esperaba. Y más aún, para sorpresearnos, nos encontramos con una mujer capaz de hermosear el paisaje, que también andaba perreando su terrier saltarinosa, que se dejó husmear sus partes nobles por el Bobby sin vergüencearse ni un poquito. Se amistadiaron en seguida, dándonos el ejemplo a la dama y a mí. ¿Como se llama tu perrita? le pregunte. Canela, me dijo. ¿Y vos? Ethel, me contestó. Encantado, soy Javier, y él es Bobby.

Comenzamos a senderear por entremedio de los abedules blanquitroncados amistosos, chamuyando ningunerías, hasta que nos dimos cuenta que el Bobby se estaba montando a la Canela freneticando movimientos pélvicos jadeados convenientemente.

Nos miramos sonriendo, y decidimos sentarnos juntos en un tronco aterrizado para ver el espectáculo, por mi parte morboseando un poco, mirando a Ethel a cada momento. La veía un poco consternada, nerviosada ante la situación un tantín afrodisiacante, pero a la vez concentrada en el espectáculo, como si estuviera secreteando algún recóndito despertar de deseos. Por mi parte, sentía un voluptuoso calenturamiento que ascendía desde el sur de mi cuerpo.

Cuando acabaron su relación los perros, ella se paró. Bueno, dijo, habrá que volver a casa. ¿Todos los días andan por acá? Pregunté. Oh, si, me dijo, encontrémosnos mañana a la misma hora en este lugar.

Con un gesto rápido tomé una flor parecida a una margarita de la vera del sendero. Se la dí y le dije: tómala, para que no olvides nuestra cita. Y no la deshojes, ya tienes la certeza. Estoy seguro que hemos comenzado a romancerear. Parece que sí, me contestó picaresqueando con sus ojos celestes. ¡Vamos, Canela! dijo dando media vuelta y comenzando a retirarse de la escena. Y me quedé ahí, parado, mientras Cupido me llenaba el alma de flechas feromonizadas.

SERMÓN DE NINGÚN LADO

21 noviembre, 2017

Bienaventurados los que son capaces de emocionarse mirando una flor, porque ellos saben gozar del mundo y la existencia.

Bienaventurados los amigos que dan sin pedir, porque tienen la recompensa dentro de sí mismos

Bienaventurados los que se estremecen oliendo el bosque, o contemplando un paisaje, porque la vida pertenece a los ricos de espíritu.

Bienaventurados los que tienen hijos, porque han trascendido más allá de su frontera vital.

Bienaventurados los artistas, porque son capaces de hablar por sí, por los demás y por generaciones futuras.

Bienaventurados los amantes, porque lograrán que la especie siga existiendo.

Bienaventurados los idealistas, porque son la máxima expresión de lo no animal de Homo sapiens.

Bienaventurados los que perdonan y olvidan, porque de ellos es el futuro, ya que no poder hacerlo es anclarse al pasado.

Bienaventurados los místicos y soñadores, que son capaces de despreciar la cruel realidad.

Bienaventurados los sabios e investigadores, que suelen ser los que cambian la vida de las personas para mejor.

Bienaventurados los que no creen en nada, pues son los que persistirán buscando la verdad en lugar de tranquilizarse adoptando verdades presuntamente reveladas sin sustento lógico.

ARGONAUTAS

28 septiembre, 2017

Viajando en el Argo de mi cultura

voy por el mundo navegando.

He partido desde la Cólquide

de mi biblioteca buscando

el vellocino del conocimiento,

ese por muchos despreciado

en este mundo frívolo de hoy.

He amado desde muy pequeño

ser nauta en miles de libros

que me transportaron por mares

a veces serenos y otras bravíos,

pero que siempre me atraparon

en emociones desencadenadas

por escenas nuevas inventadas,

que iba recreando en mi mente

a partir de frases inteligentes

volcadas por esos grandes eruditos

de la literatura, en sus escritos.

¡Canto glorias a aquellos autores

que con tesón vienen sembrando

buenas semillas de esos valores

en cerebros ávidos de navegar,

Argonautas de un mundo ideal!

VIDA

24 agosto, 2017

Por más que adores a la Luna

y aunque quieras alcanzarla

no podrás atrapar su reflejo en el lago

para llevarlo hasta tu casa

 

Cuando te sientas perdido

vuelve atrás sobre tus pasos

recomienza el camino buscando

el momento o el lugar del desvío

 

Si explorando la vida

encuentras un tesoro escondido

déjalo allí para que tus hijos

(si les señalas el camino)

puedan disfrutarlo otro día.

 

Siéntete recién nacido

cada día que comienza

nada sabes por haber vivido

comparado con los mucho que aún ignoras

Se humilde, pues, a todas horas

y maravíllate de lo nuevo conocido

sea poco o mucho, si lo valoras,

serás cada día más persona.

Se el juglar de tu propia aventura,

disfruta la lluvia de cada verano

que nunca la vida será tan dura

si la recorres con tu amor de la mano.

VELORIO

24 agosto, 2017

El día que yo muera

quizá alguien llore

y otros festejen

pero la mayoría

estará ausente,

indiferente.

Pero de algo estoy seguro:

Yo estaré presente

JAQUE MATE

24 agosto, 2017

Como una sombra perezosa

que sigue tus pasos cansinos

voy acompañando tu vida

como lo exige mi destino

aparentando tenerla perdida

estando a tus pies rendido.

Mas tal cosa no es cierta

pues soy orgulloso escudero

que ha rendido su oferta,

pues por ti de amor muero.

Está la parca siempre presta

a la vuelta de cada esquina,

pero cuando un hombre ama

a la muerte siempre olvida.

Sigo siempre mi camino

voy deshojando almanaques

mientras con tus ojos alucino

y a la muerte canto ¡Jaque!

DISGRESIONES LITÚRGICAS SOBRE TI

15 agosto, 2017

Amo pulsar las cuerdas de tu cuerpo

hasta que el calor de la vida nos transporta

muy hasta lo alto del Universo imaginario

de los que se aman sin límites arbitrarios.

Amo amasar tus pechos infinitos

y recorrer cada rincón salvaje de tu ser

con apenas el pulpejo de mis dedos.

Me encanta verte caminar desnuda por la casa

con esa tan exquisita desinhibición

encontrada en la profundidad del amor

en la que los sentimientos nacen

carentes de formatos preestablecidos.

 

Soy aquel sacerdote de una religión

que jamás ha sido por nadie revelada

que practico con la mente y el corazón

tan sólo en culto a mi hembra amada.

con esa liturgia carente de toda razón

que Eros nos legó en instintos enunciada.

EL RÍO SE LLEVA LA VIDA

15 agosto, 2017

Y Nicanor sigue allí

a orillas del arroyo azul,

sentado en una piedra sobre el agua

totalmente abstraído, intentando

atrapar en vano la chispa de la vida

que siente se va yendo de a poco

Desfilan ideas que no caben

en su cerebro, pues chocan

contra el muro erguido

de su paupérrima imaginación

pacientemente incultivada

por años de trabajo al sol.

Mirándose las manos encallecidas

parece disfrutar el momento de solaz

a pesar de sentirse solo en la vida

desde que  su Amalia descansa en paz.

Sin hijos, que no osó tenerlos,

sin afectos que lo aten al lugar,

sólo tiene su caballo negro

y el cuzco que no sabe ni ladrar.

Mira el cauce agitado y espumoso

piensa que quisiera acabar su vida allí

pero no se atreve. Cierra sus ojos.

incapaz de imaginar otra cosa

más que su cotidianeidad mediocre…

Decide montar y alejarse cabizbajo

para, siguiendo el destino de los hombres,

retornar manso a su rutinario trabajo